Log #0018

03 Oct
October 3, 2011

Abrí los ojos y me encontré en completa oscuridad. Encendí el sistema electroluminicente de mi armadura para alumbrarme un poco, pero aún así la oscuridad devoraba el cuarto en donde me encontraba obligándome a ver solo a un par de metros de donde me encontraba. Era un área evidentemente enorme, podía escuchar el eco de mi respiración y algunas gotas haciendo contacto con el líquido en el que me encontraba sumergido hasta las rodillas. Alrededor de mi había calma, un silencio sepulcral, digno de una catacumba. No sabía como había llegado ahí, no recordaba que se supone que tenía que hacer, pero decidí que estando ahí, helado, no iba a solucionar nada.

Dí el primer paso. Mi pierna luchaba contra el espeso líquido que cubría el cuarto, un líquido rojizo y de un olor bastante desagradable, un olor que me era irremediablemente familiar. Coloqué mi mano sobre mi Magnum mientras daba otro paso hacia adelante, tembloroso, desconcertado. Pocas cosas me pueden helar los huesos como una situación que está fuera de mi control. Una helada corriente de agua me provocaba unos escalofríos infernales, me angustiaba pensar que estaba sucumbiendo al pánico y por lo tanto no podría ser racional, analizar la situación de combate que inevitablemente se aproximaba. El miedo siempre ha sido mi peor enemigo, un enemigo que no había visto a los ojos hace mucho tiempo.

Continué avanzando lentamente, tratando de soportar el penetrante olor del líquido. La falta de iluminación me dificultaba distinguir exactamente que era, aunque tampoco tenía mis sentidos enfocados en ello. Solo podía pensar me encontraba vulnerable, expuesto, aún con mi Magnum y mi rifle, me sentía desarmado, como si toda mi fuerza y coraje hubieran abandonado mi cuerpo de golpe.

Después de recorrer algunos metros en prácticamente absoluta oscuridad logré divisar algo entre la penumbra, algo que flotaba. Aceleré el paso, tal vez era algo que me ayudaría a entender que estaba sucediendo, sin embargo al comenzar a distinguir que era mis manos se helaron como témpanos de hielo. Era un cadaver, flotando boca abajo, las piernas y brazos sumergidos en el asqueroso líquido. Solo podía distinguir su espalda y la parte trasera de su cabeza. El cabello negro, las marcas sobre su espalda… Solté la última y helada bocanada de aire que contenían mis pulmones antes de que se congelaran por completo. No había visto su rostro, pero sabía perfectamente de quién era ese cuerpo.

…Sofía.

De pronto, la imagen mas aterradora que mi sub conciente podría haber tenido la habilidad de crear, el cuerpo, sin vida, comenzó a levantar la cabeza, escurriendo el asqueroso líquido  por los lados de su cabeza y en un instante volteó su mirada hacia mi. Las cuencas de los ojos, vacías, me atravesaron el alma mirándome directamente a la pupila.

Abrí los ojos y dejé escapar un grito desde lo mas profundo de mi diafragma. Cubierto en sudor, jadeando, luchando para alimentar un poco de aire a mis adoloridos pulmones. Todo había sido una pesadilla.

A mi lado estaba Sofía, mirándome completamente sorprendida. -”¿Leo?”, me preguntó. -”Solo era una pesadilla. ¿Estás bien?.”

Yo, aún con problemas para respirar, solo la miraba fijamente. No podía borrar esa espantosa imagen de mi mente, esas dos cuencas demoniacas helándome hasta el alma con una fija mirada. -”Necesito tomar un poco de aire”, le dije. Así que me levanté, me puse mis botas y salí de la habitación.

La base de los Stone Hawks era una ciudad activa las 26 horas del día, en especial ahora que habíamos logrado reclutar a varias de las ciudades aledañas, hartas del yugo del imperio y de que Andros acaparara los Atman. Todos estaban convencidos que después de montar una gran ofensiva contra la capital podríamos cambiar el futuro de la humanidad y recuperar nuestro planeta. Durma era un verdadero imbécil en estrategias de batalla pero un verdadero genio de la diplomacia con una lengua que valía oro.

Recorría los pasillos, dirigiéndome a una de las torres de observación. Probablemente eran las 300 o 400 horas, pero esa no era excusa para que dejaran de sonar alarmas, o de disparar en las áreas de práctica. Era impresionante todo lo que habíamos podido construir en solo unos meses, de solo ser un par de cientos de soldados con baja moral y poco equipo a un verdadero ejército organizado y bien equipados. Aún faltaba preparación, pero eventualmente todos adquirirían experiencia de combate, era inevitable.

Todo este bullicio me reconfortaba y me ayudaba a borrar de mi mente la horrible imagen que tenía grabada en la cabeza. ¿Qué demonios me pasa? Ese sueño se sentía tan real, aún podía sentir el helado líquido cubriendo mis piernas, haciendo casi imposible el avanzar, como si un brazo sujetara con todas sus fuerzas mis pies al suelo.

Después de un par de viajes en elevador logré llegar a una de las torres de observación. Solo estaba Stich montando guardia, sentado analizando los sensores infrarojos en busca de movimiento y leyendo algo en su terminal para pasar el tiempo. Fuera había una noche como cualquier otra, la oscuridad devoraba las pocas estrellas que podían verse en el firmamento, mientras la Luna iluminaba algunas nubes de gas radioactivo a la distancia.

La calma reinaba y en medio del silencio solo podía continuar pensando en ella. Todos estos meses juntos nos habían permitido conocernos en todos los niveles y de todas las maneras. Ella se había convertido en mi mundo y no había nada mas que me importara que ella y su bienestar. Dentro de mi mente seguía repitiéndome que ni siquiera me importaba ganar la guerra por Durma o por todos los demás, para mi, todos los humanos eran poco mas que una plaga, habíamos acabado con un planeta entero y poco a poco comenzábamos a agotar otras rocas que considerábamos remotamente habitables. Somos una máquina de avaricia, poder y envidia. Poco me importaba su futuro o su supervivencia. Pero si ganábamos la guerra podría construirle un paraíso a Sofía, darle la vida que una Diosa como ella merecía.

Mi mente estaba ocupada pensando en ella, en sus ojos, en sus manos. En como ella había logrado romper esa compleja y resistente coraza que llevaba en mi vida, esa armadura que me ayudaba a sobrevivir los mas intensos y fríos combates. Ella había entrado a mi mente, a mi alma. Se había adueñado de ella, y por primera vez en mi vida me sentía feliz. A su lado, yo podía todo.

La sola idea de perderla me helaba los huesos. No podía imaginar mi vida sin ella, no tendría sentido, no tendría un porqué. Un soldado mas sin mente ni alma peleando la guerra de alguien mas. No podía permitirlo, así tuviera que costarme la vida, no podía permitir que le pasara algo, nunca. No a la persona que me había hecho sentir las cosas que ella me había hecho sentir. Seguramente el paraíso que querían reconstruir los Baal’k era insignificante comparado con recibir el cariño de una chica como ella.

Después de un rato, logré recuperar el aliento y sentí como mi cuerpo volvía a la normalidad. Sentía que nuevamente todo estaba bajo control. Recorrí todo el camino de vuelta a mi habitación en donde Sofía dormía profundamente, recuperando fuerzas para continuar entrenando al día siguiente. Mi mente estaba en calma. Me recosté a su lado y volví a cerrar los ojos.

Todo iba a estar bien.

 

1 reply
  1. Jessica says:

    Me gustan tus letras y todo lo que formas con ellas. Gracias por regalarme un momento de otro lugar, por permitirme imaginar.

    ¡Felicidades señor Solca, siga así!

    Reply

Leave a Reply

Want to join the discussion?
Feel free to contribute!

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>