The Atman Wars – Drafts – Random Paragraph Ideas.
-¿Y, por qué lo haces? me preguntó. La miré fijamente a los ojos, mientras muchos de mis empleadores pasaban por mi mente, mientras todas las atrocidades que me había tocado presenciar y ayudar a realizar aparecían frente a mi en un instante. Me quedé en silencio un instante, suspiré y le contesté. -”Toda la vida he tenido que caminar agachado, observando en silencio cómo la escoria más grande de este planeta camina entre nosotros, como abusan de su poder, abusan de su invulnerabilidad, exhibiendo que el humano cuando obtiene poder se vuelve poco más que un animal, marcando su territorio, demostrando su superioridad, superioridad que no se ha ganado mejorando la especie, ayudando a sus hermanos, al contrario, disfrutan del sufrimiento, necesitan que alguien esté abajo para sentirse superiores, necesitan amagar, humillar, amenazar, amedrentar y nostros por miedo, por ignorancia, no podemos hacer nada. Ellos lo saben, ellos lo disfrutan. Ahora tengo un arma en mis manos. Ahora tengo algo en que creer y al mismo tiempo nada que perder. Yo soy inmune a su poder, soy inmune a sus intimidaciones, a su esquema de control. Es mi deber, mi obligación recordarles que aún en su opulencia, aún en sus paredes de cristal desde donde creen controlar a los pocos humanos que quedamos con vida en esta roca olvida y podrida, aún hay algo a lo que le deben tener miedo, aún hay unos cuantos que amenzan con cambiar los pesos de la balanza. Por eso lo hago, por eso voy a acabar con todos y cada uno de los bastardos que tienen secuestrada a nuestra especie, a nuestro planeta y que por regodearse en sus instintos primarios, por disfrutar de un poder que de ningún otra manera podrían haber alcanzado, porque no son superiores a nadie mas en ningún otro sentido, porque no merecen ni si quiera el suelo en el que caminan, eventualmente acabarán por matarnos a todos, matar el ya de por si muy difuso futuro que nos espera.” -”N-no tienes nada que perder?” tartamudeó, luego de permanecer en silencio un momento. -”No” le contesté -”Nadie tiene nada que perder. Todos estamos condenados a muerte desde que nacemos y aún así vivimos cada día infelices, agonizantes, muriendo poco a poco, día a día, pero esperando que ese día no llegue pronto. La muerte ya la tienes garantizada ¿Qué más existe por perder? Tu familia también está condenada, tus amigos, incluso el mismo Emperador. ¿Por qué tanto miedo a morir? ¿Por qué tanto miedo a sacrificar tu vida sabiendo que puedes cambiar las cosas? ¿No crées que vale la pena? ¿No crées que hay algo más grande que nuestras insípidas y fugaces vidas? Con la muerte garantizada, dime ¿Qué más queda por perder?.
Al final, lo único que tienen es eso, un poder que para empezar nunca les perteneció. Les fué heredado, les fué regalado, estar del lado seguro del barril de un arma les hace creer que son invencibles, inmortales. Pero yo los he visto quebrarse, yo los he visto suplicar, llorando mientras juran arrepentirse de haberse convertido en monstruos. Me prometen todas sus riquezas, todo su poder a cambio de su vida. ¿Por qué querrían una vida sin poder? Nunca siquiera lo ganaron con sus propias manos para comenzar ¿Qué les hace creer que si perdono su miserable, su escorativa existencia como cáncer social encontrarán algún sentido? Cuando están del otro lado del barril de un arma, todo su poder, toda su aparente inmortalidad desaparece. Se vuelven unos gatitos asustados, meando sus pantalones, temblando. Luego, después de escuchar el disparo, de sentir como poco a poco sus entrañas comienzan a abandonar su cuerpo, dicen sentir frío, dicen tener miedo, algunos incluso se atreven a pedir una explicación, un por qué, como si eso pudiera solucionar la situación, no pueden siquiera darse cuenta que les hice un favor. Su vida estaba terminada desde antes de que me fueran asignados como contrato, sus días estaban contados desde el instante en que se sintieron invulnerables, a partir de ahí su vida ya no fué vida, fué un deleite instintivo, fugáz, algo que en ese instante, en el que tratan de mantener sus órganos internos en su lugar con las manos, en el suelo, cubiertos de sangre, suplicando por clemencia, se daban cuenta que nunca habían tenido en primer lugar.

