July 4, 2011
Después comenzó un largo discruso, en donde mencionaban que nos habían estado observando desde hace muchas generaciones, viendo como nos destruíamos entre nosotros, exterminando todo un planeta de por medio, estando tan cerca de la perfección, de alcanzar la iluminación y el convertirnos en seres superiores, una raza digna de pertencer a su muy exclusivo clan. Ellos habían venido para evitar nuestra extinción y ayudarnos a recuperar el camino, a retomar nuestra historia en donde la habíamos dejado. Ellos creían que eramos dignos de una segunda oportunidad.
Dentro de sus naves cargaban unas poderozas máquinas con tecnología jamas si quiera soñada por el hombre. Estas máquinas se llamaban “Atman” y su función era la de crear vida. Todo desde oxígeno, agua y vida microscópica hasta complejos seres como plantas y animales. Era como una máquina capaz de dibujar y traer a la vida un Jardín del Edén. Lo único que requería era que una raza muy específica de los Baal’k se sentara en la cápsula central, colocara sus manos en una especie de tablero y la máquina comenzaba a transformar todo a su alrededor. Pasto comenzaba a crecer, el aire comenzaba a perder su tono gris, arroyos comenzaban a fluir y toda clase de vida comenzaba mágicamente a dibujarse frente a los ojos de todos.
La máquina tenía limitantes. Requería varios meses de reposo para permitirle acumular la energía suficiente para crear otro pequeño paraíso terrenal, además era incapáz de recrear la vida humana debido a lo genéticamente complejos que nos habíamos vuelto después de miles de generaciones evolutivas. Sin embargo era algo simplemente mágico. Un milagro divino.
Hasta la fecha nadie se ha atrevido a afirmarlo con seguridad, pero muchos de sus atributos y características los hacía parecer semejantes a quien en algunas culturas conocían como “Dios”. Nunca lo dijeron de manera directa, y cada vez que se les preguntaba preferían evadir la respuesta, pero era muy evidente que ellos fueron los que permitieron que existiera la vida humana en este planeta, y no solo la humana, sino la vida como la conocemos.
Poco a poco el área que eligieron los Baal’k comenzó a recuperar su gloria original. Había agua, recursos, alimento y sobre todo, esperanza. Iba a tomar mucho tiempo, pero todo apuntaba a que nuestro planeta podría recuperarse.
Los humanos habían cedido al mensaje de esperanza de los alienígenas. La guerra había terminado y todos colaboraban para tratar de reconstruir una estructura social, teniendo presente que en sus hombros recaía el futuro de toda la especie. Lamentablemente los Baal’k olvidaron que nuestra genética tenía un error. Un gen que no tolera no ser la especie dominante en el planeta.
En 2977 un grupo de adolescentes invadió el campanento de los Baal’k. Por supuesto podrían haber sido destruidos al instante, pero los pacíficos e ingenuos alienígenas los subestimaron. Al final de la invasión una pareja Baal’k había sido asesinada. Las palabras “Lárguense de aquí monstruos” estaban escritas en la pared.
La mañana siguiente no había palabras para describir la tristeza y el enojo en la mirada de todos los Baal’k. Completamente devastados, desolados, dándose cuenta que simplemente no valía la pena sudar una sola gota mas por una raza humana. Somos una raza imperfecta y no hay nada que ellos pudieran hacer al respecto.
Después de un largo silencio, uno de ellos dio un paso al frente y se despidió. “Fuimos ingenuos al creer que podíamos ayudarlos, pero ¿Qué podíamos esperar de una especie que no duda en acabar con la vida de su prójimo para quitarle sus pertenencias? Es con estas palabras como nos despedimos de ustedes, desepcionados y con nuestras esperanzas destrozadas. Cometimos un error con ustedes, al fin lo hemos logrado comprender. Buena suerte.” Minutos después ellos y todas sus naves despegaron hasta desaparecer en el firmamento.
Sin embargo, cuando el polvo del despegue se disipó, reveló que los alienígenas habían dejado atrás los Atman. Sonrisas se dibujaron en los rostros de muchos y no todo estaba perdido. Solo faltaba alguien que pudiera operar las máquinas, y nuestro futuro no estaría en la completa oscuridad.